Los cálculos indicaban que quedaba un poco más de 300 metros para llegar a la cima del Gasherbrum II, una de las cumbres más altas del mundo. La nieve, blanda en su consistencia, incrementaba la dificultad del ascenso. El cansancio y la falta de oxígeno comenzaban a adquirir protagonismo, sin restarle fuerzas al ímpetu del montañista y supervisor de la Superintendencia de Logística de Minera Los Pelambres, Martín Gildemeister.

Eran las 15:00 horas del pasado 24 de julio, cuando el viento de alta montaña apenas permitía que Martín se pusiera en pie sobre el filo de la cima para sostener la bandera de Chile. Finalmente, logró levantarla a más de 8.035 metros de altura mientras el montañista gritaba: ¡Cumbre, cumbre! ¡Viva Chile…!

Inmediatamente después, se comunicó por radio con sus dos compañeros de expedición: “cabros, hicimos cumbre, estamos arriba”. Un montañista de origen peruano, que lo había acompañado durante el último trayecto, fue el encargado de sacar la tradicional fotografía. Momentos después, la cámara se congeló, la temperatura bordeaba los 20° bajo cero.

Así recuerda Martín Gildemeisterex Joven Profesional 2014 y actual supervisor de Logística de Los Pelambres, uno de los hitos más esperados de un viaje que había comenzado a preparar 18 meses antes. Junto a Tomás Vial y Rafael Matte, amigos de universidad y también montañistas, decidieron emprender el desafío de conquistar una de las 14 cumbres de más de ocho mil metros de altura existentes en el mundo.

Fieles al montañismo deportivo más puro, estos tres ex compañeros eligieron realizar la hazaña sin porteadores de altura –lo que implicaba que tenían que cargar el equipo e ir armándose la ruta ellos mismos- y sin oxígeno suplementario -lo cual les exigía una preparación física mayor-.

Esto introducía complejidades adicionales a la travesía, la que sin una adecuada planificación y trabajo en equipo no podría haberse desarrollado. “Alcanzar este sueño implicó tomar una serie de decisiones, siempre en pos del grupo, dejando de lado todo tipo de ambición personal”, comenta Martín al recordar los factores que los llevaron a hacer cumbre.

Una de esas elecciones fue que, dadas las condiciones climáticas, lo más conveniente era trabajar de noche, explica Martín.“El sol pegando directamente en la nieve, la hacía más blanda, lo que dificultaba la subida”. Fue así como optaron por salir todas las noches alrededor de las 12:00 am y trabajar hasta las 8:00 am, adaptando la estrategia que se habían planteado inicialmente.

Para realizar el ascenso, la “Expedición Chilena al Gasherbrum II 2015” trabajó durante tres semanas en equipar la ruta y los 3 campamentos por sobre el campamento base, combinando períodos en altura y de descanso, para ir acostumbrando el cuerpo a las exigentes condiciones. Con la ruta ya equipada y después de capear un período de mal tiempo, el equipo estaba listo para la fase final de la expedición: el ataque a la cumbre.

“Lamentablemente, tras la última jornada de trabajo en la montaña, Tomás no se había sentido bien físicamente”, recuerda Martín, por lo que, luego de reflexionarlo con el equipo, se decidió que Tomás permaneciera en el campamento base para, desde allí, coordinar y ayudar a sus compañeros en el tramo final.

Mientras más ascendían, las condiciones del cerro se hacían más duras. Cada paso implicaba abrir, desde cero, el camino hacia la cima, en circunstancias en las que la altura afecta las capacidades físicas y también las mentales. Cuando ya alcanzaron los 7.800 msnm, y tras casi 15 horas de marcha desde el campamento 3, re-evaluaron la situación de acuerdo al estado de cada uno. Llamaron a Tomás. La expedición había superado con creces las expectativas y, por lo mismo, no valía la pena arriesgar de más. Con esto en mente, y anteponiendo la seguridad y el éxito del equipo, Rafael decide bajar al C3 para preparar el descenso, mientras Martín siguió hasta la cima.

“Todo montañista sabe que hacer cumbre no significa nada si la bajada al campamento base no se realiza de la forma correcta. Si analizas las estadísticas de todo tipo de ascensión a los Himalayas, puedes observar que la mayor parte de los accidentes ocurren en esta fase”, detalla Martín.

Tras 24 horas de haber salido del campamento 3, volvió a reunirse con Rafael, para luego descender juntos y darse, los tres como equipo, el abrazo definitivo de cumbre. Así comenzó el camino de regreso para encontrarse con las vidas que habían dejado atrás hace dos meses en Chile. Era tiempo de volver a casa y soñar con la que será la próxima gran expedición.