Solange Cisterna es una mujer decidida y valiente. No cualquiera deja de ser dueña de casa para transformarse en conductora de un Caterpillar 797 y poder sacar a su familia adelante. Hoy se declara 100% feliz.

Después de una separación tras 17 años de matrimonio, Solange Cisternas sentía la necesidad de hacer algo por ella misma. Por eso, en 2007 dio un paso que no cualquiera mujer se atreve a dar: pagó un curso y sacó una licencia A2 para conducir un taxi colectivo 611 por las calles de Antofagasta.

Pasó cuatro años frente al volante antes de visualizar el verdadero horizonte que quería para ella y para su familia. Sentía que se merecía mejores oportunidades, que tenía las agallas para seguir avanzando: dejó el colectivo, se capacitó, movilizó a su familia y fue tras su sueño. En 2011 ingresó a Minera Centinela como parte de la séptima generación de aprendices. Hoy es una integrante importante del equipo de operadores de camiones de extracción.

¿Cómo llegó a conducir un camión minero en Centinela?

Empecé a escuchar que cada día se abrían más posibilidades en la minería y nos motivamos con una amiga para hacer un curso que pagamos nosotras mismas. En 2008 hubo una selección y entró mi amiga (Katherine Trejos), pero yo no quedé; así es que dije: no importa, pronto vendrá mi oportunidad.

¿Y siguió trabajando en el colectivo?

Por poco tiempo. Un día me llamó Katherine y me contó que se habían abierto las postulaciones de nuevo. Entonces dejé todo ordenado con el colectivo, para entregarlo como correspondía, armé mi currículum y me presenté.

¿Y una vez adentro, cómo lo hizo en la casa?

Pedí el apoyo de toda mi familia. Mi mamá, mis hermanas y por supuesto mis hijos, que han sido un pilar fundamental para que yo trabaje tranquila. En un comienzo me preocupaba, pensaba en ellos, si durmieron bien o comieron, pero me demostraron que solos se acomodan bastante bien. Siendo conductora de colectivo sentía que tenía un límite, tenía un techo y yo quería llegar más allá.

Primero la casa

Ese convencimiento seguramente fue crucial en el proceso de entrevistas para la séptima generación de aprendices de Minera Centinela. Solange recuerda que contestó a los evaluadores que se iba a jugar todas las cartas por su familia, por sacar adelante a sus hijos y por ampliar sus horizontes.

“Hoy tengo mi casa y vivo tranquila, la he ido arreglando y mis hijos están felices. Este trabajo me ha dado grandes satisfacciones. Trabajo contenta, porque sé que es un bien para los tres”, dice Solange.

¿Se ha sentido acogida en su trabajo siendo mujer?

Entendemos perfectamente que nosotras llegamos a invadir un espacio que históricamente ha pertenecido a los varones. Recibimos respeto de su parte, lo que es algo básico: yo también respeto y, en todo caso, lo pasamos muy bien en mi turno.

¿Qué era lo más difícil de trabajar manejando un colectivo?

Una sale a batallar todos los días, a pesar que a mí nunca me pasaron situaciones malas. Pero al comienzo trabajaba sólo para los partes, porque pagué el noviciado: me estacionaba donde no debía o cometía faltas que en este rubro no se perdonan. Pero conocí mucha gente, trabajaba en la línea 611 y recorría toda la costanera de Antofagasta. Había días muy duros, en los que por necesidad había que trabajar el doble del tiempo para completar la plata que faltaba. Llegaba muerta a casa. Por esas cosas, lo único que quería era dejar el colectivo.

¿Y qué es lo más difícil de trabajar en la mina?

El principio cuesta, como todo trabajo, aunque creo que superé pronto el miedo de conducir un equipo del porte de una casa. Pero el respeto no se lo pierdo, al contrario, siempre trato de ser cuidadosa con al seguridad y, además, de cuidar al camión, porque mientras más esté en operación, más produce. Y eso desemboca en que es mejor mi productividad.

¿Se ha dado algún gusto?

Me los doy, pero tienen que ver con la casa, con comprar una tele bonita o renovar el living.

¿Y algo más personal?

Todavía no, primero tenía que mejorar mi casa, ese era el objetivo. Y luego de eso tengo que asegurar los estudios de mis hijos. Todo lo que hago es por ellos. Siempre les digo que acá yo pongo el 50% y ellos tienen que poner otro 25% cada uno. Tenemos que hacer equipo y ser perseverantes todos, para que se vea reflejado en el futuro.

Por lo que me cuentan, algo ya se ve reflejado…

(Ríe) Me pude comprar un auto… Una vez fuimos a comprar con los niños y anduvimos muchas cuadras con las bolsas. Ahí les dije a mis hijos que pronto tendríamos un auto y que no íbamos a tener que estarle mirando la cara a nadie. A veces pasábamos media hora o más esperando colectivo. Cuando estuve casada tuvimos auto, pero no me quedé con él porque siempre pensé que yo podía lograr cosas como persona y lo he conseguido.

¿Cómo está Solange Cisternas hoy?

Estoy totalmente satisfecha con mi trabajo, con mi vida y conmigo misma. Soy una mujer 100% feliz. En este momento no me hace falta nada. Espiritualmente trato de buscar día a día lo mejor, levantarme con energía positiva, tratar de canalizar lo mejor de mí por los caminos adecuados. Acá tengo la mejor comunicación con la mayoría y las chiquillas me dicen que sigo siendo igual. Es que las lucas como vienen se van, podemos estar arriba y al día siguiente abajo. No hay que fanfarronear nunca, pero hoy tengo medios que me han permitido ayudar a mis hijos y a mi familia cuando se necesita.

Un deseo por cumplir: Ver a mis hijos llegar lejos. La minería me ha dado satisfacciones, y una de ellas es darles estudios. Leo cursa hoy diseño gráfico y Andrea, enfermería.